Aterrizar el RD 933/2021 a la realidad del hotel
3 jun 2026
Los hoteles llevan años conviviendo con el registro de viajeros. El RD 933/2021 no aparece sobre una realidad completamente nueva, pero ha cambiado la profundidad del proceso: más datos, más campos, más responsabilidad sobre cómo se recoge, comunica y conserva la información.

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Los hoteles llevan años conviviendo con el registro de viajeros. No es algo nuevo ni ajeno a la operativa diaria. Recepción siempre ha tenido que identificar huéspedes, recoger datos y generar partes de entrada. El cambio está en que, con el RD 933/2021, ese proceso se ha vuelto más exigente, más detallado y, en muchos casos, más difícil de encajar en el funcionamiento real del establecimiento.
Después de casi año y medio de aplicación efectiva, el sector ya no está en una fase de sorpresa. La norma se conoce, los hoteles saben que tienen que recoger más información y la mayoría ha intentado adaptar sus procesos, sus sistemas y su forma de trabajar.
Pero una cosa es saber que hay que cumplir y otra muy distinta es tener el proceso realmente integrado.
Una obligación que ya no es solo administrativa
En general, la recogida de datos se está realizando de la mejor manera posible. El sector hotelero ya venía acostumbrado a identificar viajeros y a trabajar con partes de entrada, por lo que el RD 933/2021 no aparece sobre una realidad completamente nueva.
Lo que ha cambiado es la profundidad del proceso.
Ahora se piden más datos, hay más campos que revisar y más responsabilidad sobre cómo se recoge, se comunica y se conserva la información. Y ahí es donde empiezan las dificultades reales: no tanto en la voluntad de cumplir, sino en la capacidad de hacerlo bien dentro de la operativa diaria del hotel.
Porque el cumplimiento no ocurre en un despacho tranquilo. Ocurre en la recepción, con clientes esperando, llegadas simultáneas, grupos, cambios de turno, reservas incompletas y sistemas que no siempre están preparados para responder a todas las situaciones.
Cuando el sistema no acompaña
Uno de los puntos que más se repite es la dependencia del PMS. Muchos hoteles confían en que el sistema resuelve el proceso, pero no siempre saben exactamente qué recoge, qué comunica, qué conserva o qué ocurre cuando se produce un error.
Además, muchos PMS están desarrollados por empresas internacionales. Funcionan bien para muchos mercados, pero no siempre están preparados para las exigencias concretas de España, donde el nivel de datos requerido es especialmente alto. Esto obliga a configurar campos, adaptar procesos o buscar soluciones intermedias para poder completar correctamente el registro.
Y esa adaptación no siempre es sencilla.
Aparecen campos que no existen, datos que el sistema vuelca aunque no correspondan, direcciones extranjeras que no encajan, códigos postales que generan errores o nombres compuestos que se vuelcan mal desde el escáner. Son incidencias que, vistas una a una, pueden parecer menores. Pero en conjunto afectan directamente al cumplimiento.
El problema no es usar tecnología. La tecnología es necesaria. El problema es pensar que, porque un dato ha pasado automáticamente al PMS, ya está bien.
Los menores siguen siendo una asignatura pendiente
Uno de los casos más claros es el de los menores.
Toda persona que se aloja en un hotel debe quedar correctamente registrada. No solo por una cuestión de cumplimiento, sino también por seguridad del establecimiento y de la propia persona alojada. Sin embargo, en la práctica, muchos menores siguen sin registrarse correctamente, especialmente cuando no disponen de documento de identidad.
Aquí se juntan varios problemas.
Por un lado, algunos PMS no contemplan bien la situación de los menores de 14 años. Exigen número de documento, número de soporte u otros campos pensados para adultos, y no permiten continuar si esa información no se introduce. Por otro lado, el equipo de recepción no siempre tiene claro cómo actuar cuando el sistema no acompaña o cuando el menor no tiene documentación propia.
También ocurre con el parentesco. En muchos casos existe el campo, pero no se utiliza. O no se sabe cuándo utilizarlo. O simplemente queda fuera porque el registro tiene que avanzar.
Y en un hotel, lo que no está bien integrado en el proceso acaba dependiendo de la persona que esté en turno.
La prisa sigue decidiendo demasiado
Recepción soporta gran parte del peso de este proceso. Es donde se recoge la información, se revisa la documentación, se atiende al cliente y se resuelven las incidencias. Todo al mismo tiempo.
En momentos de presión, la revisión del dato queda fácilmente en segundo plano. El escáner vuelca información al PMS, el huésped espera, la cola avanza y el equipo confía en que todo se haya recogido correctamente. Pero no siempre ocurre así.
A veces el error aparece después, cuando se intenta comunicar la información a la plataforma correspondiente. Y entonces corregirlo ya no resulta tan sencillo. Si el dato no se revisó en el momento del check-in, el hotel puede quedarse sin una forma clara de comprobar qué falló.
Por eso, en algunos casos, aparecen prácticas que pueden parecer útiles, pero que generan otros riesgos: guardar imágenes del documento, conservar copias durante un tiempo o completar un dato erróneo "como se pueda" para poder continuar.
No suele haber mala intención. Hay presión, falta de tiempo y un proceso que no siempre está suficientemente ordenado.
Pedir datos no significa guardarlo todo
Uno de los grandes malentendidos está precisamente ahí. Cumplir con el RD 933/2021 no significa pedir o conservar cualquier información del cliente.
El hotel debe recoger los datos necesarios, pero eso no convierte la copia del documento de identidad en una solución válida. Guardar imágenes de documentos, recibirlas por correo o conservarlas sin un criterio claro puede dar una falsa sensación de seguridad. Parece que facilita corregir errores, pero en realidad añade un problema nuevo.
Durante años, algunas prácticas se han mantenido porque "siempre se ha hecho así". Fotocopias, escaneos, documentos enviados por canales poco adecuados o información guardada sin una lógica clara. Muchas veces no se hacía por descuido, sino por costumbre o por intentar resolver rápido.
Pero el contexto ha cambiado.
Ahora no basta con recoger datos. También hay que saber qué datos se piden, por qué se piden, dónde se guardan, quién accede a ellos y durante cuánto tiempo.
El papel sigue muy presente
Aunque se habla mucho de digitalización, muchos hoteles siguen trabajando con partes de viajeros en papel. Se imprimen, se firman, se agrupan y se archivan durante el plazo correspondiente.
Esto no tiene por qué ser un problema si está ordenado. El problema aparece cuando el papel convive con el PMS, el escáner, la comunicación telemática, las carpetas internas y los documentos recibidos por otros canales sin una lógica común.
Cuando cada parte del proceso vive en un sitio distinto, el hotel pierde control. Y si nadie tiene claro cuál es la versión correcta o quién debe revisar cada error, el cumplimiento se vuelve frágil.
No porque el hotel quiera hacerlo mal, sino porque el proceso no está suficientemente aterrizado.
Formar no es recitar la norma
La formación del equipo es una de las partes más importantes, pero no debería consistir en explicar artículos ni en convertir a recepción en un departamento jurídico. Ese enfoque, además de ser poco práctico, suele alejar al equipo del problema real.
Lo que recepción necesita es entender qué hacer cuando la norma se encuentra con la operativa diaria. Por qué se recogen determinados datos, qué información debe pedirse, qué datos no deberían solicitarse y cómo actuar cuando se alojan menores o cuando el sistema no contempla bien esa situación.
También necesita saber qué revisar cuando el escáner vuelca información al PMS, qué hacer si el sistema no permite avanzar, cómo actuar si la comunicación devuelve un error y qué canales no deberían utilizarse para recibir documentación de los huéspedes.
Porque, al final, el cumplimiento no depende solo de tener un procedimiento escrito. Depende de que la persona que está en recepción sepa qué hacer cuando el procedimiento se encuentra con la realidad.
Ordenar antes que complicar
Después de este tiempo, la conclusión no es que los hoteles no quieran cumplir. La conclusión es que el cumplimiento necesita bajar mejor a la operativa diaria.
No basta con tener un PMS, un escáner o una conexión con SES.Hospedajes. Hace falta revisar cómo está configurado el sistema, qué datos se recogen, cómo se registran los menores, qué se conserva, qué no debe conservarse y qué hacer cuando algo falla.
El RD 933/2021 es complejo, pero no tiene por qué ser inasumible.
La clave está en ordenar lo que ya existe. Alinear a dirección, recepción y proveedores tecnológicos. Formar con ejemplos reales. Corregir hábitos que ya no encajan. Y dar al equipo un criterio claro para que no tenga que improvisar en mitad de un check-in.
El hotel ya tiene suficientes frentes abiertos como para convertir el registro de viajeros en una preocupación constante. Lo razonable es que sea un proceso claro, asumido y posible de aplicar cada día.
Volver al control del proceso
El RD 933/2021 se cumple en gran parte en recepción, pero no puede depender solo de recepción. Necesita sistemas bien configurados, procedimientos sencillos, formación práctica y una dirección que entienda la importancia del proceso.
Porque el objetivo no es hacer el check-in más complicado. Es justo lo contrario: conseguir que el hotel pueda operar con normalidad, sabiendo que los datos que recoge, comunica y conserva están bajo control.
El sector ya está acostumbrado a adaptarse. Lo ha hecho con la seguridad física, con la digitalización, con la protección de datos y con muchos otros cambios. Este es uno más, pero requiere mirarlo desde donde realmente ocurre: en la operativa diaria del hotel.
Ahí es donde el RD 933/2021 deja de ser una norma y se convierte en una forma de trabajar.
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